Médico denuncia muerte de su hija por negligencia en la Clínica Alemana.

Hacer un relato de una negligencia médica es difícil, más cuando se debe al actuar de tus propios colegas médicos, pero todavía más cuando la víctima es tu propia hija. Yo estudié medicina cuando esta era una vocación, cuando los pacientes no eran enfermedades que tratar, sino personas con su historia individual. Ahora la medicina […]

Hacer un relato de una negligencia médica es difícil, más cuando se debe al actuar de tus propios colegas médicos, pero todavía más cuando la víctima es tu propia hija. Yo estudié medicina cuando esta era una vocación, cuando los pacientes no eran enfermedades que tratar, sino personas con su historia individual. Ahora la medicina se ha transformado en una profesión para ganarse la vida y los pacientes son solo números para completar tu trabajo. Este punto de vista ha hecho que los médicos sean impersonales y los pacientes solo números que atender, lo cual hace que las negligencias sean más frecuentes por la poca empatía de los médicos hacia sus pacientes.

En mi caso, se trató de mi hija Carmencita, que nació hace 23 años, con 28 semanas de gestación, con una malformación cerebral (Chiari I) e hidrocefalia severa. Requirió ser operada a la semana de nacida, para colocar una válvula en su cráneo que drenara el exceso de líquido cefalorraquídeo y permitiera crecer al cerebro. Estuvo dos meses en una unidad de neonatología y después fue enviada a casa con el pronóstico de que sería ciega, sorda y muda, y que nunca caminaría.

Con mucho amor, dedicación y esperanza, logramos con mi señora sacar adelante a esta hija maravillosa que Dios nos dio. Al pasar el tiempo ella pudo caminar, cantar, tocar guitarra y piano, hablar tres idiomas, estudiar en la universidad y ser una persona completa e irrepetible. Nunca en sus 23 años requirió cambio de válvula o tuvo una complicación con ella. Todo esto cambió el 6 de diciembre de 2013 (a las 21:00), cuando comenzó con cefalea, nauseas, episodio de convulsión y dificultad para hablar. En ese momento sus hermanos nos llamaron a Puerto Varas (donde vivimos), nos explicaron lo que sucedía y que la iban a llevar a un servicio de urgencia. Les dije que fueran a la Clínica Alemana por ser un centro neuroquirúrgico y que en el intertanto yo llamaría al médico de turno para avisar que iba mi hija con una urgencia neurológica, posiblemente por obstrucción de su válvula.

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