El rey de las indemnizaciones millonarias: «Sólo cojo casos que sé que puedo ganar»

7 JUN. 2019 01:49

Tras sufrir una negligencia médica en su familia, se hizo especialista en defender a pacientes. Así ha logrado algunas de las sentencias más sonadas, como los 4,2 millones de indemnización para una madre cuyo bebé sufrió una discapacidad del 80% en el parto

La madre de la mayor indemnización de la Historia: «Han dejado a mi hija paralítica y ni siquiera me han pedido disculpas»

Álvaro Sardinero tiene un tono monocorde y una extrema amabilidad que sostiene con una muletilla: «Muuuy bieen», repite para hacerte sentir cómodo. La repite para decir que tiene todo controlado.

Es capaz de describir una safenectomía -extracción de la vena safena- como si fuera un cirujano vascular. Pero no es médico, y eso también lo subraya al menos tres veces. Sí reconoce que sabe de medicina, y mucho. Lleva 21 años leyendo historias clínicas. Dos décadas dedicadas a los que han perdido demasiado. Cuando llegan a él tiene que hacerles ganar, no contempla otra opción.

Este abogado especializado en derecho sanitario lo volvió a conseguir esta semana. Una sentencia del Juzgado de Instancia número 21 de Madrid reconoció una negligencia médica ocurrida durante un parto que dejó al bebé con una discapacidad del 80%. La condena ha resultado ser la más alta indemnización en negligencias médicas en la historia de España: 4,2 millones de euros.

Álvaro Sardinero también tiene una fórmula. La cuenta desde su despacho, cuidadosamente decorado con sillones Chesterfield, sillas de Philippe Starck, y láminas de arte que van desde Botticelli a Liechtenstein. «Me encanta el arte», dice cuando nos pilla mirando sus paredes.

Pero volvamos a su fórmula: «Frialdad, sensibilidad y empatía».

Y le funciona. El curriculum de este abogado acumula sentencias inéditas y casos mediáticos. El despacho en el que trabajaba fue el primero en España en conseguir llevar a la cárcel a un médico. Hablamos del caso del doctor Senderowicz y la paciente fallecida después de una cirugía plástica. También fue el primero que consiguió una condena por lo penal para dos residentes del Gregorio Marañón que no se dieron cuenta que una mujer sufría un ictus y la derivaron a psiquiatría. Y también participó en la defensa de algunas de las víctimas que asesinó la doctora Noelia Mingo, además de asesorar a algunos de los 275 afectados por hepatitis B que les había inoculado el anestesista Juan Maeso.

El detonante de esta vocación médico-jurídica fue vivir una injusticia en carne propia antes de convertirse en un célebre abogado. Un familiar muy cercano falleció mientras estaba en lista de espera para una operación cardíaca. Pero Sardinero prefiere no hablar de ese tema porque «es muy delicado», porque «remueve demasiadas cosas»… Porque no quiere. Y punto.

CUANDO CREO EN EL CASO PONGO TODAS LAS FACILIDADES PARA FINANCIARLO, NI UN SOLO CLIENTE HA DEJADO DE SER ATENDIDO POR DINERO

Tiene 45 años, aunque aparenta una década menos -«en la foto de la orla de la universidad parece que tengo 12 años, ahora me viene bien», dice entre risas-. Se cuida, es delgado, coqueto. Sabe que hace bien su trabajo, que desde un despacho pequeño y familiar -su otra socia es su hermana Laura- se enfrenta a las grandes aseguradoras, a las administraciones públicas, a los médicos, y que gana el 90% de los casos: «Ellos -refiriéndose a los de bata blanca-, resultan ser los más agresivos, las aseguradoras están acostumbradas a dar explicaciones».

Dice que su trabajo es como el de un artesano, pero parece más el de un perro de presa que olisquea los casos, da la vuelta a las historias clínicas, las lee de arriba a abajo, de perfil, todo lo que haga falta para asegurarse de que son viables: «No escojo nada que no sepa que puedo ganar, tengo que tener la seguridad de que hay una relación clara entre la negligencia y los daños causados y, si no lo veo, no hago perder el tiempo a mis clientes». Para eso está su equipo de más de 30 peritos que lo avala: «Si ellos me dicen que lo ven, voy con todo». Y sentencia: «En el caso que pongo el ojo, pongo la bala».

A su despacho llegan una media de seis casos por semana. Una buena parte vienen de la Asociación del Defensor del Paciente, con la que colabora desde hace 15 años. Ha defendido a más de mil víctimas de negligencias y con algunos de ellos mantiene relación, como aquel matrimonio con un hijo que se quedó con una discapacidad del 100% después del parto. Sardinero financió todos los gastos y luego ganó: «Ellos no tenían recursos y no podía dejarles de defender. Cuando creo en el caso pongo todas las facilidades para financiarlo, ni un solo cliente ha dejado de ser atendido por dinero».

Y aunque es conocido por las indemnizaciones que consigue, quiere aclarar una cosa: «Siempre salen las cifras pero te aseguro que cualquiera de mis clientes renunciaría a todo el oro del mundo si les devolvieran su brazo, o al familiar que perdieron. Ellos no buscan dinero sino reconocimiento, por eso no soporto perder, no les puedo hacer eso».

Dolor, tragedias y vidas rotas es la materia prima con la que trabaja. De ahí la sensibilidad y la empatía, pero nos insiste en la frialdad. «No puedo implicarme personalmente», dice. «Cuando estoy en un juicio tengo que ser extremadamente frío para defender con claridad y argumentos».

Y la frialdad también le sirve para sobrevivir a sus miedos: «Cuando empecé con esto me convertí en un hipocondríaco patológico, tenía todos los síntomas que leía en las historias clínicas. Ahora estoy mucho mejor, más relajado».

Lo que no se ha conseguido quitar es el terror que le produce ir al médico: «Uf, no lo soporto», y se ríe al recordar lo que le pasó cuando acompañó el parto de su primera hija: «Me pasé toda la noche repasando los registros cardiotocográficos, estaba preocupadísimo, pero debo decir que en el Gregorio Marañón nos atendieron de maravilla».

Publicado en Ficha Clínica y/o Negligencia Médica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *