Gonzalo Briançon Orías, un registro en vida de la historia de la odontología

El ritual es similar al de un violinista que conoce su instrumento mejor que nadie porque ha estado cerca de su músico por más de medio siglo, se conocen y se saben sus mañas y se adivinan los gestos.

Pero en este caso no se trata de un instrumento de cuerdas, sino del instrumental odontológico que en manos del cirujano bucomaxilofacial y odontólogo Gonzalo Briançon Orías cobra vida para entrar a un espacio de trabajo diminuto.

Los movimientos son precisos y exactos con un mínimo margen de error. Milímetros escasos separan a una pieza dental de otra y es allí donde debe abrirse espacio para derrotar a las caries o detener al absceso que ha provocado un auténtico dolor de muelas en el paciente.

Uno más de los tantos miles que ha atendido a lo largo de su vida profesional.

“Son 53 años que trabajo en este espacio profesional de la salud”, revela muy contento y hace notar que su espacio predilecto de desarrollo profesional es la cirugía. Y dentro de ella los implantes son su tema favorito, porque está entre los pioneros que trajo la que en los años 80 se consideraba una técnica revolucionaria para suplantar los dientes perdidos, en lugar de acudir a una placa total o un puente.

AÑOS DE ESTUDIO

Varios “profes”, docentes de diferentes especialidades, acuden a su memoria. Nombra a algunos como a los doctores Celier Castro, Edgar Cabrera, Jorge Castaños, Carlos Leví que lo guiaron en los años universitarios, cursados en la Facultad de Odontología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

Destaca a los docentes de la especialidad que cursó en el Hospital Nacional de Clínicas de Córdoba, Argentina Ángel Heller y a Guillermo Ríes Centeno, cuando hizo su estadía de cirugía plástica.

“Estuvimos de internos con otro compañero de la universidad y casualmente también de curso –relata Gonzalo– y apenas tuvimos vida propia, estábamos a disposición de todas las emergencias y casos especiales que atendíamos bajo la vigilante y atenta mirada de los profesores”.

Allí como otros músicos, la práctica hizo al maestro. Además de las largas horas dedicadas a estudiar y repasar los casos complicados, los que demandaron más tiempo y también aquellos disfrazados de sencillos pero que, una vez observados detenidamente, revelaron situaciones complejas a resolver.

Eso lo preparó para caminar por el largo recorrido profesional en Cochabamba, donde también fue un destacado docente en la UMSS.

VIDA PROFESIONAL

Contar la trayectoria de mi papá no es tarea fácil. Más aún cuando estoy en función periodística y el amable lector de estas líneas se anda preguntando cómo es que puedo guardar la objetividad periodística y al mismo tiempo narrar su dedicación al trabajo fuerte, duro y dedicado.

Déjenme contarles que para mí fue siempre el exigente, el puntual y el ético al que veía dedicándole horas de horas a preparar las clases para sus estudiantes de las materias de cirugía bucal y terapéutica estomatológica de la UMSS.

Durante dos décadas, desde 1970 a 1990 dio clases. Las preparó con amor en una época donde el Power Point no existía así que acudió a los slides (diapositivas) para ejemplificar sus casos. Repasaba las imágenes que él mismo había tomado en las cirugías y que con mi hermana Denise veíamos de reojo evitando aquellas que mostraban sangre, hueso y dientes maltrechos.

También lo observábamos inclinado corrigiendo una pila de exámenes y sorprendiéndose por las exageradas cantidades de medicamentos que los futuros odontólogos recetaban a un paciente imaginario. Porque de eso se trata terapéutica estomatológica: la farmacología clínica para tratamientos sistémicos y otros locales.

Se sentía como pez en el agua en la clínica donde ponía en práctica la teoría, con la cátedra de cirugía bucal. Dictó cursos de posgrado en estas áreas y fue jefe de la clínica de radiología. Una promoción de la UMSS lleva su nombre.

EL CONSULTORIO

“El primer equipo que tuve fue un SS White, una marca americana muy renombrada”, relata Gonzalo también conocido por “Chavo”, un sobrenombre que le puso su hermana mayor Teresa y que lo acompaña desde que él se acuerda.

Su primer consultorio estuvo en la avenida Perú, hoy avenida Heroínas, entre la 25 de mayo y la avenida San Martín. Compartió el espacio con mi abuelito Hernando, pediatra, y con mi tío Jaime, dermatólogo.

Luego se independizó e hizo una alianza estratégica con sus colegas Leonardo Araya, Edgar Arévalo primero y luego con Alfredo Paz, Teresa Canedo, Sonia Zenteno, y Manuel Porro, en policonsultorios que atendían ortodoncia, endodoncia, y odontología en general.

Para mí y mi hermana fue el espacio donde pasamos nuestras vacaciones de verano. Fuimos sus recepcionistas, toma notas, instrumentistas y lo que hubiera que hacer para trabajar en las vacaciones. Me acuerdo que nos disputábamos algunos días para ir a trabajar ya que sabíamos que el churro de turno “tenía hora” y era la oportunidad propicia para “chequearlo”.

Mi mamá Amalia, su fiel compañera, veía y se reía. Se encargaba de tener los mandiles a punto, al igual que la ropa quirúrgica que serviría para cuando mi papá tuviera que ir a una clínica para operar casos difíciles. Ella es su puntal y contrafuerte que lo ha ayudado a superar momentos complicados.

Han sido cuatro los consultorios. Miles las ficha clínicas de hombres, mujeres y niños que han pasado por estas manos hábiles y precisas.

CASOS COMPLICADOS

Mi papá recuerda muchos casos complicados. Uno de ellos acude a su memoria. Fue una hemorragia transoperatoria durante una sublingüectomía. La atendió con prontitud así como a 12 fracturas  en el rostro, maxilares y órbita ocular de un militar que tuvo un accidente con el helicóptero que tripulaba.

Ha transformado el rostro de pacientes con correcciones maxilofaciales haciendo retrocesos de ambos maxilares o sólo uno, el inferior o el superior. Ha colocado placas de titanio en fracturas de hueso malar, entre otras.

Las cirugías de extracción de los terceros molares, las famosas muelas del juicio, no representan un reto para él, porque ha estudiado profundamente el tema. Sabe por dónde iniciará el proceso e inclusive cómo terminará, antes de que el paciente abra la boca.

Ahora, luego de esta trayectoria plena de triunfos, logros y aprendizajes se se volcará a su otra pasión: el golf que también le proporcionó momentos muy especiales cuando obtuvo varios campeonatos nacionales y departamentales.

Fuente: https://www.lostiempos.com/

Publicado en Ficha Clínica y/o Negligencia Médica.

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